He leído que en tres años un profesional pierde el 40% de sus habilidades, si no se recicla, claro está. Eso me ha llevado a pensar que como persona nunca estoy estático, o estoy creciendo o estoy decreciendo. Y si no tengo la sensación de que crezco lo más probable es que esté yendo hacia abajo, aunque no me dé cuenta.

 

Si no noto el esfuerzo de la subida es que he dejado de dar pedales, y poco a poco mi crecimiento se hace más lento, luego se detiene y al final acabo retrocediendo. ¡Es duro aceptar esto!

 

¿Qué más signos hay de que esto me está pasando? Tengo menos tolerancia a los cambios, a los imprevistos, a nuevas formas y procedimientos de hacer las cosas, a nuevas herramientas tecnológicas. Cuando esto sucede aumenta mi nivel de conflicto con mi entorno, no entiendo los motivos por los que ciertas personas hacen lo que hacen, o no los quiero entender, y empiezo a ver amenazas y enemigos por todos lados.

 

En cambio, cuando estoy comprometido con mi crecimiento profesional tengo la mente abierta a nuevos conocimientos, a nuevas situaciones del mercado y de mi profesión, nuevos actores y competidores. Y en vez de verme arrastrado por las circunstancias y resentirme por no saber “quién se ha llevado mi queso”, me convierto en el protagonista, o al menos coprotagonista de lo que (me) está sucediendo.

 

Una actitud que a veces afecta a profesionales senior con muchos años de experiencia es creer que lo saben (casi) todo. Y lo malo de esta creencia es que me cierra la mente a que otra gente me enseñe algo nuevo. El crecimiento profesional pasa por estar siempre abierto a que otra persona comparta algo nuevo conmigo y yo aprenda de ella. De ese intercambio surgen las mejores ideas. Y lo que es más importante la motivación para seguir aprendiendo y seguir creciendo.

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Acompaño en procesos de búsqueda, cambio o mejora de trabajo y en procesos de reinvención profesional.