“Somos transparentes”, me dijo una vez un buen amigo. Y es que aunque pueda ocultar algunas cosas a los demás, mi comportamiento habla y es inevitable que los demás me conozcan.

 

Como cualquier otra relación una amistad es un proceso de aprendizaje. La verdad me hace libre, pero primero me hace fuerte, como se suele decir. Y esto es especialmente cierto con respecto a la amistad. Porque alguien que me quiere me dice la verdad, aunque duela.

 

Hay una herramienta muy potente de autoconocimiento, que se emplea en entornos profesionales para mejorar la comunicación y el desempeño de los equipos, y que yo puedo utilizar con mis amigos para conocerme mejor.

 

Se llama la Ventana de Johari, en honor a sus creadores: Joseph Luft y Harry Ingham. En ella se analiza la información que comparto con los demás distribuida en cuatro cuadrantes:

1) Área libre: abarca todo aquello que conozco de mí y dejo conocer a los demás. Indica la medida en la que me doy a conocer al mundo, qué experiencias, pensamientos, emociones y sueños comparto con los demás.

2) Área oculta: abarca todo aquello que yo conozco de mismo pero que no dejo que los demás conozcan. Son mis secretos y mis vergüenzas, las cosas que no dejo y no quiero que nadie conozca.

3) Área ciega: abarca lo que yo no veo de mí mismo pero que es transparente para los demás. Muchas veces los demás me han dicho cosas de mí mismo que me han sorprendido por su certeza; comportamientos y actitudes de las que yo no era consciente.

 

4) Área desconocida: abarca aquello que yo desconozco de mí mismo y también es desconocido para los demás. Aquí reside mi potencial oculto, para lo bueno y para lo malo.

 

Las cuatro áreas no son estáticas, son dinámicas, es decir, se agrandan y se reducen según con quién esté, mi momento vital y según el entorno en el que me mueva. Por eso la información de cada cuadrante varía también en función de que lo aplique a mi círculo profesional, familiar o de pareja. De la misma manera las cuatro áreas son interdependientes, un cambio en una afecta a todas.

 

Cuando me muestro a los demás se produce un fenómeno de triangulación, en el que los otros, al compartir conocimiento sobre mí consiguen descubrir nuevas cosas que ellos por sí solos no veían. La triangulación se produce también cuando se contrasta la información del área abierta con el del área ciega.

 

Al desenvolverme en diferentes ambientes, personas y situaciones obligo a que haya más cruces de información que revierte en que yo pueda conocer más profunda y honestamente quién soy.

 

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